UNA PROVINCIA EN BLANCO Y NEGRO

Carracas, tinieblas y viejos misereres |
La Semana Santa de la ciudad es cada día más festival, más Interés Turístico, más cartel y datos de la ocupación hotelera. Puja el alcalde, los concejales se suman como braceros, la oposición ya pujaba antes ... y limonada (casera, si puede ser) que no falte. La provincia aún recuerda sus vía crucis de silencio, eternos rosarios de la buena muerte, tinieblas y oficios, altares cubiertos de telas moradas, carracas que hacen de campanas roncas, turnos para la adoración, procesiones con latines aprendidos a golpe de repetición... Los recuerda, ya no son, ya no hay curas para todos y los que atienden a decenas de parroquias apenas tienen unos minutos para poner un santuario. Ya no suenan las carracas, ya no hay turnos... limonada para todos (casera, por favor), eso sí. Pero hay quien se resiste a claudicar. La Sobarriba es tierra de tradiciones, es la tradición, son gentes con viejas costumbres en las venas, con carros que son para el abono y para engalanar. Allí resuenan los ecos del Miserere de Villavente o el Canto de las Llagas, que se ha vuelto a cantar en Tendal. Allí, en Corbillos, entienden como pocos el misterio de la procesión del Dainos, que desde 1917 y buena parte del siglo XX contó con braceros de este pueblo de La Sobariba atendiendo a la petición de Gregorio ‘El Pontífice’, quien fuera cuidador de la huerta del convento de los Capuchinos. Ahí están, orgullosos, los de ‘la Soba’. |
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![]() Fulgencio Fernández |
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